Salta es una de las ciudades más turísticas de la Argentina. Recibe visitantes internacionales y nacionales todos los días del año. Por eso, si estás pensando en pasar unos días en la capital, te dejamos algunos datos interesantes para que tengas en cuenta y aproveches al máximo tu experiencia.
Si estás pensando en comprar tus pasajes a Salta, tenés que saber que la ciudad tiene una particularidad. Caminar por su centro histórico implica recorrer al menos cinco períodos arquitectónicos distintos en pocas cuadras.
El Cabildo se construyó en 1582 y conserva su recova original. Allí se encuentra hoy el Museo Histórico del Norte. A la vuelta, está la Iglesia San Francisco, que con su campanario de 54 metros —el más alto de Sudamérica— y la icónica fachada terracota y oro, decora la esquina de Córdoba y Caseros desde hace más de un siglo.
Frente a la Plaza 9 de Julio, el MAAM ocupa un edificio neogótico de mediados del siglo XIX. Allí, se exhiben los niños del Llullaillaco. Se trata de tres cuerpos de más de 500 años encontrados a casi 6.740 metros de altura en la cima del volcán. Solo se muestra uno por vez, en cápsulas de criopreservación a -20 °C. Son, probablemente, la pieza de museo más impactante del país.
Para llegar del centro histórico al cerro San Bernardo, solo tenés que tomarte un teleférico. La estación base está en el Parque San Martín, a unas doce cuadras de la Plaza 9 de Julio, y el recorrido de algo más de un kilómetro trepa 285 metros en unos diez minutos.
Aunque la vista del viaje en sí ya es una experiencia que vale la pena, desde la cumbre, a 1.460 metros, se distinguen las cúpulas de la Catedral, la Iglesia de La Merced y San Alfonso recortadas contra el Valle de Lerma.
Otro atractivo indiscutido de la capital salteña —y del norte argentino, para ser justos— es la gastronomía. Además de los clásicos de siempre: cazuelas, humitas y tamales, la empanada salteña es la estrella que se lleva todas las miradas. En una encuesta nacional, la eligieron como la variedad más sabrosa del país, sobre la tucumana y la santiagueña.
Si bien podés pedir de pollo, queso y otras variedades como charqui, la empanada de carne sigue siendo la elección segura. Además, no puede faltar la clásica yasgua —salsa cruda de tomate rallado con locoto o ají picante— para acompañar y un buen torrontés de Cafayate.
La noche salteña tiene su espacio aparte. La calle Balcarce, a cuatro cuadras de la plaza principal, concentra tres cuadras de peñas folclóricas, bares de cerveza artesanal y restaurantes que funcionan todas las noches del año.
El Boliche Balderrama, fundado en los cincuenta, es tan legendario que le compusieron una zamba: por ahí pasaron el Cuchi Leguizamón, Manuel J. Castilla y Los Chalchaleros. ¿Dónde iremos a parar, si se apaga Balderrama? También está La Casona del Molino, una peña libre en una casona colonial del siglo XVIII donde las guitarreadas son espontáneas y los vinos, exclusivamente de etiquetas salteñas.
Los domingos, la misma calle monta una feria de artesanías y diseño que se extiende de la mañana a la noche.
Salta no se termina en una sola visita, pero en una escapada de tres o cuatro días podés conocer el casco histórico, la cumbre del San Bernardo y, por lo menos, una noche de peña con empanadas y torrontés de altura en la Casona del Molino. Lo que pase después —Cafayate, Cachi o el Tren a las nubes— ya es excusa para volver.








Seguí todas las noticias de NOVA La Plata en Google News



























