Mica Almirón: con la frente en alto y los botines bien puestos
A los 13 años descubrió que lo suyo era la pelota. En Alumni, su segunda casa, dio sus primeros pasos, aprendió, se cayó, se levantó y volvió a creer. También pasó por Villa San Carlos, pero fue en su club de origen donde encontró su lugar, su confianza, y las primeras emociones de vestir un escudo con orgullo.
Micaela Almirón tiene 18 años, vive en La Plata y hoy juega en la Sub 19 de Estudiantes. Llegó en 2024, en una de esas pruebas multitudinarias donde cuesta destacar… pero ella confió. "Había muchas chicas, pero seguía teniendo fe", recuerda. Y esa fe, mezclada con talento y sacrificio, la puso donde está hoy: entrenando todos los días en el Pincha, soñando en grande, y ya con su debut en la reserva.
Su primer partido fue en Alumni, en cancha de 7, como volante externo, la misma posición que hoy la representa. Aunque probó de 5 y en otros roles, lo suyo es la banda: velocidad, desborde, centros. “Me gusta correr por afuera, me siento cómoda”, cuenta.
En Estudiantes encontró un cambio: más trabajo táctico, físico y una exigencia que la empuja a superarse. “En Alumni no hacíamos tanto gym; en el Pincha entrenamos dos o tres veces por semana en lo físico, y eso se nota”. También destaca el grupo que la rodea: compañeras que no dejan que nadie baje los brazos, entrenadores que acompañan y un entorno que la hace sentir como en casa.
La rutina de Mica es tan intensa como admirable: se levanta a las 7 para llevar a sus hermanitos al colegio, vuelve al mediodía, entrena por la tarde y entra a cursar en la facultad a las 18. “Gracias a mis profes que me dejan salir antes y a mi papá que me presta la moto, puedo llegar a todo”, agradece. Su esfuerzo es diario, silencioso, constante.
Admiradora de Lionel Messi, “siempre Messi, no hay otro igual”, y de Ángel Di María, a quien imitó una vez con un gol picándola a la arquera, Mica tiene los pies en la tierra y la mirada en el horizonte: “Quiero seguir mejorando, dar asistencias, hacer goles y crecer con este hermoso grupo”.
Sueña con llegar a Primera. Y más allá: la Selección. “Soy fiel creyente de que los tiempos de Dios son perfectos. No me desespero, pero no pierdo la fe”.
Antes de cerrar, deja un mensaje: “Luchen por sus sueños. Nada es imposible. Yo soy un claro ejemplo. Confíen en ustedes, insistan siempre. Todo llega en su debido momento.”
Y también un gracias inmenso: “A mis papás, a mis hermanos y a mi tío Mario. Por llorar conmigo cuando me iba mal, por alegrarse cuando hablaba de fútbol. Siempre sean agradecidos con quienes los quieren ver bien.”
Mica Almirón ya está escribiendo su historia. Y esto recién empieza.








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