Martín Vestiga
Una producción de NOVA

Martín Vestiga y el nido de las ratas en La Plata

Martín Vestiga siempre atento a los chimentos políticos de todo lo que pasa en La Plata. (Dibujo: NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.

No puedo andar por La Plata, que la gente me para, me reconoce, y me llama para contarme cosas. Mis oídos están más saturados que tránsito de la ciudad a la hora de la entrada y salida de los colegios.

Anduve por calle 12, me fui hasta los Cinco Hermanos a comprarme un chalequito que me haga juego con el traje, el último lo había comprado en Casa Delmar de 7 y 54, y debía aggiornarme un poquito.

No lo encontré, se habrán mudado, me dije, y me iba para el lado de calle 8 para ver si encontraba otro local parecido.

En la confitería de 12 entre 55 y 56, sentadito en la estructura que está montada arriba de la vereda, ahí donde el paso se angosta para transitar estaba mi amigo Blas Femia, que me miraba y sonreía con esos dientes blancos que se los hizo dos números más por si se gastaban y no tenía que volver a gastar.

-Hola querido, me dijo con mucho cariño, vamos a tomar un cafecito, que te cuento algo.

Este muchacho siempre tiene grandes historias y maneja datos finitos que muchos allegados a la política desconocen. Luego de hacer un repaso político y económico del país, y cuando las tazas ya estaban vacías, entre chistido y chistido de sus dientes intentando secar un cachito de medialuna trabado, me tiró que estaba pensando pasar a la Libertad Avanza.

-Cómo es eso, le pregunté intrigado,

- Mirá Martín, Julio (por Garro) ya está jugando con Scioli para hacerse cargo de la Provincia en la próxima elección. Si a Milei (Javier) le va bien con la economía hay gobierno para rato, muchos nos vamos para ahí.

Otra vez me volvió a sorprender y no aguanté más, le pedí nombres, que me cuente lo finito, lo que se viene hablando.

-Hablando, lo que se dice, hablando, hay nada que te lo vayan a decir. Uno tiene que hace la lectura de cómo viene la cosa. Julio ya está ahí por mandato de Mauricio (por Macri) y nosotros tenemos que ser vivos.

Ahí se me plantó la duda y empecé a dudar si se trataba de un dato preciso o una mera presunción de alguien que pretende seguir jugando internamente tratando de moverse antes que el resto. Ahí me tiró una frase para pensarla.

- Mire Don Vestiga, usted es un tipo leído y sabe muy bien que los animales comenzaban a cambiar su comportamiento hasta 20 horas antes de un cataclismo, lo presienten. Eso hago yo.

- Pero Blas, sigo sin entenderte, le dije hasta el borde de los nervios.

- Le comento, Don Vestiga, de contestó respetuoso como siempre, y se largó a decir: Esto es como cuando un barco se hunde, y Juntos por el Cambio se rompió y está está hundiendo. En el barco como en la vida, los primeros que huyen, saltan y se escapan son las ratas.

Ahí empecé a comprender lo que Blas Femia trataba de decirme, estaba haciendo una lectura de la fuga, no de dirigentes, sino de los oportunistas que son hábiles en estas circunstancias.

-Las ratas saltaron para Unión por la Patria, en la Municipalidad se dieron vuelta y empezaron a morder a los propios. Los que estaban de Delegados se quedaron de asesores, en los Ministerios no ocurrió tanto, pero hubo pases de facturas cuando vieron que Kicillof se quedaba cuatro añitos más.

-Bueno querido- le dije. Pagué la cuenta. Tenía que hacer compras y después irme a comer a la casa de una Delegada platense que me invitó a degustar unas ricas empanadas. Se las trajo de Villa Elvira.

- Antes que se vaya, Don Martín, le cuento que yo tengo un profesor. De hecho, fue director de una escuela. Es el tipo que sabe marcar el camino. Desde lo religioso porque es un hermano de la Fe, y no le erra al garrochazo. El ya empezó el desembarco, se quedó afuera en la última elección para ser consejero escolar, pero ya metió vientos de Libertad. Si vamos a saltar de barco en barco, hay que saber cuál es el momento, y si él ya se tiró al agua, nademos, don Martín.

Confundido con lo que me contó Blas, que aprovechando que yo había pagado el muerto ya se estaba clavando un tostado con solo hacer un guiño a la moza, empecé a caminar el lado de 60. Qué locura estos tiempos políticos.

Salta, salta, salta, pequeña langosta

Quieren alejarme de ti a toda costa

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