Martín Vestiga
Una producción de NOVA

Martín Vestiga, Enzo Brado y los funcionarios más infieles... ¡La "China" Suárez un poroto!

Martín Vestiga, un periodista honesto, y Enzo Brado, un colega de dudosa reputación. (Dibujo: NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Dos por tres se encuentra con Enzo Brado, un colega de dudosa reputación, quien recibe dinero en sobres a cuatro manos, pero que le pasa jugosa información.

Si algo caracteriza a este colaborador de NOVA es su talento para aparecer siempre en el lugar indicado… y en el momento menos propicio.

Con la mirada atenta y los oídos alerta, Martín Vestiga se topó con un verdadero culebrón en la política platense que podría derrumbar el orden férreo que el intendente preferido de Axel Kicillof tanto se esmera por mantener.

Era uno de esos días de lluvia y frío que invitan a quedarse en casa, cuando, en su mesa de siempre, Martín Vestiga recibió el llamado urgente de Enzo Brado. Al verlo entrar, prendió un cigarrillo y, malhumorado, le espetó:

—¿Qué te tiene tan conmovido como para sacarme bajo este chaparrón?

Enzo Brado, con su cuaderno de anotaciones bajo el brazo y un sobre marrón sobre la mesa, le respondió en voz baja:

—No empieces con tu mal genio: lo que tengo para vos es una bomba que puede estallar en cualquier momento.

Martín Vestiga frunció el ceño, miró el sobre y se inclinó sobre la mesa. Lo que Enzo Brado sabía —y lo había recolectado de su vasto entramado de fuentes— no era un simple chisme de pasillo. Dos secretarios de alto perfil del gabinete “alakista” venían coordinando algo más que la gestión diaria: protagonizaban un escándalo de amoríos y traiciones digno de telenovela.

—¿En serio? —interrumpió Martín Vestiga, irritado—. ¿Y por qué debería importarme este quilombo?

—Dejalo terminar, por favor —pidió Enzo Brado—. Resulta que un empleado municipal de Asistencia Ciudadana entregó toda la data, y ahí emergió el lío: uno de los secretarios fue sorprendido “in fraganti” en su propia oficina, junto a una mujer casada, cuyas reuniones también eran abonadas por el erario público.

En ese preciso instante, la gestión perdió el rumbo: gritos, empujones… y ni siquiera el reclamo de los manteros en Plaza San Martín encontraba quien lo atendiera.

Martín Vestiga se acomodó en la silla, reconociendo ya los nombres de los implicados. Pero Enzo Brado guardaba aún más detalles jugosos.

—“Cuchá”, —sonrió Enzo Brado— resulta que la esposa desconfiada no es una ciudadana cualquiera, sino una funcionaria de la provincia. Ahora, nadie atiende el teléfono del marido infiel y las demandas del intendente se amontonan sin quien las responda. Imaginate cómo debe estar el turco.

Martín Vestiga se puso de pie de un salto, el orgullo a flor de piel. Antes de irse, dio un golpe seco sobre la mesa, haciendo brincar el sobre marrón:

—Lo admito: te lo ganaste. Pero hace un frío bárbaro para seguir acá. Voy directo al NOVA a escribir sobre esto.

Y con eso, desapareció bajo la lluvia, dejando a Enzo Brado recogiendo sus papeles y planificando el próximo bombazo.

Me voy

Me voy

Ya no puedo estar acá

No aguanto más este desastre

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