Correo de Lectores
Drogas y corrupción

La epidemia paralela

El cartero de NOVA. (Dibujo: NOVA)

Señor director de Agencia NOVA, Mario Casalongue

Iniciamos el presente texto con un cordial saludo, presentándonos como un grupo desesperados de vecinos que habitamos el barrio El Palihue y zonas cercanas. En su mayoría somos trabajadores, asalariados, algunos profesionales, pero en todos los casos vecinos del barrio.

Muchos crecimos acá, otros en el Gran La Plata y otros han migrado desde otros barrios, consecuencia de ello durante los últimos años la zona ha crecido exponencialmente. Quienes aquí crecimos desde niños entendimos la realidad de vivir en un barrio marginal, o “villa” y todos los peligros que ello conlleva. Desde chicos aprendimos a convivir con la delincuencia y las drogas, quienes han llegado al barrio debieron inevitablemente acostumbrarse y aprender a convivir con estas situaciones y, claro, muchas otras que derivan directamente como la corrupción.

Para ir sintetizando la presente misiva, recurrimos a los medios a los fines de poder expresar nuestros temores para solicitarles ayuda y que la gente entienda lo que diariamente vivimos, y los riesgos que corremos. Titulamos la presente como “La epidemia paralela”, pero esta epidemia que nos aqueja directamente a los vecinos de El Palihue no es nueva, no se creó en escasos tres o cuatro meses, por el contrario, es consecuencia y connivencia directa de delincuentes, dealers y traficantes con diferentes representantes gubernamentales, en especial con la policía, y que en el mismo tiempo que lleva la cuarenta o el distanciamiento social y preventivo ha dejado más muertos y heridos que el coronavirus. Quienes aquí crecimos hemos visto evolucionar la dependencia policial Villa Ponsati desde sus inicios hasta el día de hoy, que se denomina comisaria 16.

Al mismo tiempo, y con la ayuda de varios jefes policiales, algunos que aun hoy continúan trabajando con la misma intensidad hemos visto crecer, desarrollarse e incluso organizarse todo el sub mundo del hampa que deriva de las drogas; hemos visto muchos jóvenes morir sin llegar a madurar. Pero esta situación en los últimos años se ha acrecentado y nos preocupa aún mucho más, durante los últimos meses porque dos organizaciones delictivas muy bien organizadas (y creemos protegidas) se disputan el poder y control de la zona, dirimiéndose la comercialización de drogas.

Evidentemente este resulta ser un negocio altamente lucrativo, y repetimos, no es reciente. No hace mucho más de un año la policía allano varias viviendas e “incauto” varios millones de pesos relacionados directamente a un traficante (de apellido Núñez), que a las pocas semanas fuera ultimado a disparos por sus rivales (Mujica), iniciándose una guerra sin cuartel entre dos grupos muy bien diferenciados, entre dos familias, que muy lejos están de solucionar sus problemas como los Montescos o los Capuletos, estas familias solucionan sus problemas mediante disparos.

Casi al mismo tiempo que el señor Presidente de la Nación publicara el DNU para combatir las consecuencias del COVID 19, la guerra entre estas dos familias se intensificó: desde el mes de marzo y lo que va de abril han ocurrido cuatro homicidios, (uno de ellos uno de los integrante de la familia Mujica en manos de los Núñez), y al menos doce enfrentamientos armados, muchos de los cuales terminan solo con heridos que muchas veces, misteriosamente, no desean colaborar con la investigación.

Muchos de los otros hechos de sangre ocurridos son consecuencia directa de estos enfrentamientos y ocurren entre miembros o soldaditos de estas familias, pero muchos no lo son, y es lo que más nos preocupa ya que son hechos de inseguridad donde estos jóvenes asaltan o hieren a los vecinos para poder despojarlos de sus pocas pertenencias y comprar sus drogas.

Solo en las dos últimas noches se produjeron uno de estos enfrentamientos, con un joven herido de arma de fuego en la pierna y otro con una herida en la cabeza, ambos continúan internados; y una abuela de 81 años fue brutalmente asaltada y apuñalada en el cuello, y se debate entre la vida y la muerte en la terapia del Centro del Diagnóstico. Lo que estadísticamente nos permite afirmar que esta pandemia paralela de venta de drogas y corrupción ha generado en la región, en el barrio, más muertes y daños que el Covid 19 en el mismo periodo de tiempo.

Hemos recurrido a las autoridades policiales, les hemos planteado nuestro problema, les hemos manifestado nuestra preocupación con toda esta situación y lejos de obtener una respuesta satisfactoria, nos hemos enterado que se planea hacer un nuevo relevo del titular de la dependencia.

Pero lejos de ser esta una solución, nos trae aparejada otra gran preocupación, ya que de manera informal nos han dicho que pronto asumirá la conducción de la dependencia el comisario Gustavo De Paulis, quien tristemente se ha hecho famoso por verse justamente involucrado en graves hechos de corrupción, a quien en un desesperado intento de tapar el sol con el dedo han relevado de su mando en la comisaria Unión, otorgándole la conducción de la Comisaría Cuarta, donde debido a los vínculos que tiene con narcos le han detenido a su jefe de calle Emiliano de Rose.

Posteriormente, en un desesperado intento de perpetuarse en el poder, le sucedió lo mismo con el oficial que puso en su reemplazo Julio Ahumada, a quien no solo lo detuvieron con gran cantidad de drogas en su poder, sino que también por abuso de menores.

Estos desafortunados eventos han motivado que la cúpula releve de sus funciones al comisario De Paulis y lo manden “al banco”, pero tristemente nos enteramos que planean volver a ponerlo en funciones al frente de esta castigada dependencia policial, y donde consideramos que es el lugar propicio para su “desarrollo personal” ya que es una persona con vínculos y antecedentes que ostenta.

Solicitamos ayuda para que no se designe a este comisario al frente de la seccional.

Atentamente,

Vecinos del barrio El Palihue.

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