Tras casi dos décadas, cerró Me Piace, el histórico restaurante y confitería: el impacto de los bolsillos ajustados
Después de casi dos décadas de funcionamiento, el restaurante Me Piace cerró sus puertas en pleno centro de ciudad. La decisión no fue aislada ni sorpresiva: responde a un escenario económico cada vez más adverso para el sector gastronómico, donde la caída del consumo y el incremento sostenido de costos terminan asfixiando a los comercios.
Ubicado en una zona clave de la ciudad, el local había logrado consolidarse como un punto de referencia para vecinos y visitantes. Sin embargo, la combinación de menor poder adquisitivo, tarifas en alza y una estructura de gastos difícil de sostener terminó por volver inviable su continuidad.
El caso de Me Piace se suma a una lista creciente de cierres en distintos rubros, pero con especial impacto en la gastronomía, una actividad particularmente sensible a los vaivenes económicos.
La reducción del consumo no solo afecta la rentabilidad diaria, sino que deteriora cualquier proyección a mediano plazo.
En paralelo, los costos operativos —alquileres, servicios y proveedores— avanzan a un ritmo que muchos comercios no logran acompañar. El resultado es un escenario donde sostener una persiana abierta se convierte en un desafío cada vez más complejo.
El cierre deja un local vacío en una zona céntrica y suma otro indicio concreto del retroceso comercial en la ciudad.








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