Opinión
El reinado del caos

¡Viva la Pepa!

María del Carmen Taborcía, abogada y escritora.

Por María del Carmen Taborcía (*), especial para NOVA

Según algunos estudiosos fue el grito con el que desde el 19 de marzo de 1812 (festividad de San José) proclamaban los liberales españoles su adhesión a la Constitución de Cádiz, promulgada ese día, por lo que es denominada popularmente la Pepa, dado que a las personas de nombre José se les dice Pepe.

Algunas fuentes señalan, que en Cádiz, una ciudad sitiada por los franceses, decidieron hacer una constitución para introducir en España conceptos tan modernos como la soberanía nacional, la división de poderes y la libertad de imprenta.                   

Esto ha traído polémica entre historiadores gaditanos, ya que algunos sostienen que el grito de ¡Viva la Pepa! es resultado de una leyenda posterior. Para argumentar esto aducen que ese día, con un pésimo clima, no había nadie en la calle, que la constitución fue una revolución burguesa de una minoría de intelectuales; y que si esto era así en Cádiz, para que hablar del resto de aquella España, bajo el manto de José I, hermano de Napoleón, en un momento en el que “el noventa por ciento de los españoles eran analfabetos” y no existían medios de comunicación, “no se enteró nadie”.

La visión peyorativa del grito, probablemente fruto de su uso irónico por los enemigos políticos de los liberales (los absolutistas españoles), ha terminado imponiendo su empleo para referirse a toda situación de desbarajuste, despreocupación o excesiva licencia. Decir de alguien que es un “viva la pepa” equivale a llamarle irresponsable o despreocupado.                

La representación de los diputados americanos en las cortes y el movimiento liberal que existía en cada una de las antiguas provincias españolas, influyeron seguramente en que ¡Viva la Peña! llegara y se difundiera en países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Perú y Argentina, donde aún se conserva no con su sentido político e histórico, pero sí en el habla conversacional.

Ese valor semántico, asociado con el sentido irónico y despectivo que los absolutistas le acuñaron a la frase, continúa en Argentina, donde significa anarquía, libertinaje, desorganización, vagancia. Tal vez nos ha influido más de lo que creemos el pensamiento de los conservadores partidarios de Fernando VII.

Ya no existen reinados por aquí. O quizás me equivoque y aún persista el ¡Viva la Pepa!, reinado del caos, el desorden, la falta de normas y de compromiso que tanto pregonaban los partidarios de la monarquía.

(*) Abogada y escritora

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