Opinión
En busca de la verdad...

Neuropolítica

María del Carmen Taborcía, abogada y escritora.

Por María del Carmen Taborcía (*), especial para NOVA

Es la denominación de una reciente rama del conocimiento que investiga las implicaciones de la neurociencia en el ámbito de la política. La investigación neuropolítica toma prestados métodos de la neurociencia cognitiva para investigar cuestiones clásicas como la toma de decisiones  políticas, las actitudes políticas e ideológicas, la evaluación de los candidatos y la interacción en las coaliciones políticas.

La neuropolítica se abre paso como una nueva disciplina de las neurociencias capaz de comprender cómo actúa el cerebro de los seres humanos en su condición de ciudadanos, electores o activistas frente a los estímulos de la comunicación política. Permite conocerlo mejor, saber cómo funciona, cómo articula sus imágenes, con qué valores, con qué sentimientos y cómo se canalizan sus decisiones.

Estamos en la “Era neurocéntrica” que inauguraba Thomas Willis (padre de la Anatomía Comparada) en el siglo XVII. Se está explorando el potencial de la «política de las emociones», la plasticidad (el cerebro es capaz de cambiar su estructura y su función a través de la actividad y el pensamiento), el rol del inconsciente y la redefinición del concepto de memoria en la toma de decisiones. El camino del conocimiento respecto a cómo se configuran las opiniones sociales por parte de los individuos, llevará a saber cómo piensan los ciudadanos.

Buscar la verdad es complejo, es más sencillo validar una opinión previa. Los prejuicios, la superstición, el dogmatismo, el fanatismo son formas de pensamiento que niegan la realidad, que evitan la aceptación de las evidencias que se nos presentanAlgunas de estas creencias son conscientes, pero la mayoría son inconscientes e influyen poderosamente en nuestras emociones y decisiones. El voto, como cualquier otra manifestación de la vida política y pública, debe ser siempre reflexivo. Lo nuevo, o mejor dicho, lo que se sabe ahora a ciencia cierta, es que no hay reflexión sin emoción.

Con toda la retroalimentación involuntaria, la campaña podría cambiar el mensaje (las imágenes, los sonidos o las palabras) para crear una versión más popular con los electores. Los equipos de presidentes y primeros ministros en por lo menos tres continentes han contratado a consultores en ciencia para que escaneen los cerebros, los cuerpos y los rostros de los votantes, todo para intensificar su resonancia emocional con el electorado.

En todo el mundo, las campañas políticas están buscando información y percepciones de los votantes para alcanzar la victoria. Las campañas políticas están utilizando nuevas tecnologías para leer nuestras mentes.

(*) Abogada y escritora

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