Judiciales y Policiales
Curas sometían a chicos sordos

Abusos en el Instituto Próvolo: ya son ocho los testimonios desgarradores

Horacio Corbacho y Nicola Corradi, sacerdotes imputados por abusos sexuales a chicos sordos en los ’80 y ’90.

La Justicia avanza en la investigación contra los sacerdotes católicos Horacio Corbacho y Nicola Corradi, imputados por abusos sexuales a chicos sordos cuando iban al Instituto Próvolo de La Plata, y ya tomó declaración a ocho víctimas que confirmaron los ultrajes a los que fueron sometidos durante las décadas de los ’80 y ’90, informaron fuentes judiciales.

La fiscalía de Fernando Cartasegna tiene en el expediente ocho testimonios comprometedores. Y respecto de los pedidos de informes que el funcionario judicial le había realizado al monseñor, Héctor Aguer, un vocero comentó que fueron enviados junto con un repudio a todo lo que había ocurrido en Mendoza y en La Plata.

Si bien el caso se dio a conocer a fines del año pasado en la localidad mandolina de Luján de Cuyo, la primera denuncia fue realizada en 2008.

En ese momento “fue contra Jorge Bordón, quien era uno de los cuidadores del albergue y también hacía de monaguillo. La madre de uno de los niños denunció que Jorge había manoseado y abusado de su hijo”, señaló la fuente judicial. Actualmente el cuidador se encuentra detenido junto a Corbacho y Corradi, acusados de abuso sexual agravado a unos 60 jóvenes hipoacúsicos.

Este jueves llegó a La Plata uno de los primeros denunciantes que estudió en el Instituto Próvolo local, Daniel Sgardelis, quien evitó realizar declaraciones al respecto.

La fiscalía especializada cuenta con un equipo de abogados y psicólogos intérpretes en lenguas de señas que contienen y posibilitan a la víctima contar su historia.

Los testimonios de víctimas hasta el momento "permiten trazar la hipótesis de que existía un plan de selección de víctimas, ya que había estrategias para captarlas según su edad y vulnerabilidad".

"A los más chiquitos los captaban en el baño, y utilizaban alumnos mayores para introducirlos entre los medianos para que los manosearan y así saber quiénes podían ser más vulnerables al abuso. En tanto, aquellos que eran resistentes sufrían terribles malos tratos y extrema violencia", detallaron.

La mayoría de las víctimas eran internos del Instituto, veían a sus familias de manera esporádica y no contaban sus padecimientos "por miedo a represalias físicas y sometimiento psicológico", completaron.

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